miércoles, 14 de febrero de 2018

Cena etíope.

Todo partió un día que iba pasando en la micro por fuera de un lugar llamado The blue Nile que llamó mi atención por dos cosas: los dibujos y el subtítulo "Ethiopian food".


Estuve pensando en qué era lo que sabía acerca de Etiopía* y en cómo uno llega a olvidar que existen ciertos lugares simplemente porque no se habla de ellos. Divagué en torno al pensamiento de olvidarse de todo aquello de lo que no se habla y de lo malo que era para el conocimiento de la vida el "silencio" en general. Luego pensaba que estaba siendo como esa gente que cree que Chile es exótico, haciendo parecer exótico todo aquello que es desconocido y pensé mucho en la otredad. Como verá, me resulta bastante difícil mantener una sola idea.

Otro día pasamos con Nico y comentamos que nos interesaba visitarlo, pero había un problema: tengo malos antecedentes como comensal novata a un punto casi vergonzoso en el que no sólo Nico, sino que varios de nuestros amigos creen que soy mañosa.

No es que sea mañosa, es que me crié comiendo muy pocos condimentos y casi nada de sal, entonces para mí comer cualquier cosa normal en la casa de alguien que no fuera familia ya resultaba toda una experiencia culinaria con todo eso de de probar lo desconocido, las formas diversas de preparar las cosas y la cantidad de condimentos que nunca supe que existían. 

Tengo super claro que mi mamá trataba de que comiéramos saludable, así que no la culpo por mi inexperiencia con los sabores "nuevos". 

Resulta que una vez con que con Nico y la nena comimos comida koreana hice mañas porque era todo picante y la carne, que ya en sí misma no es mi comida favorita, tenía GRASA INFINITA. Asquito.

Otra vez que comimos Kebab, que a todos nuestros amigos les encantan, a mí me daba cosita comerlos: las salsas eran raras y la carne una cosa chorreante atroz. 

Cuando comí comida árabe quería morir de lo picante que encontré todo, lo mismo con la comida hindú. Sólo pude con la comida Tai y obvio que amo la italiana y la chilena (siempre que no lleve manteca ni mucha carne con grasa, diuk). También me gustan algunas cosas de la comida francesa y cuando probamos comida griega también me gustó, excepto el cordero porque me dan pena los corderos (usted llámeme especista si quiere). La comida libanesa me gustó poco, pero la comida china y japonesa sí que me gustan, en sus versiones más chilenas, por supuesto...

Los faláfel me cargaban y esas cosas raras que comen los escoseses al desayuno me hicieron sufrir.

Lo picante es una cosa que antes me parecía intolerable, sentía que se me moría la lengua y que dejaba de sentir cualquier sabor, ¿cómo podría disfrutar algo si no sé cómo sabe?

Ok, quizás con todos estos antecedentes ha quedado claro que no soy mañosa, sólo tengo gustos sencillos.

Y en mi defensa debo decir que todas esas cosas ahora sí me gustan, excepto la comida koreana que  no pienso volver a comerla.

Y bueno, ahora que lo miro en la lista creo que quizás, y sólo quizás, puedo aceptar que antes era un poco mañosa. Puede ser que ya me he acostumbrado a nuevos sabores y empecé a disfrutarlos, es como con la cerveza que a nadie le gusta la primera vez que toma, pero que ahora "quién los viera y quién los ve".

Como decía, me entusiasmó la idea de probar comida etíope, pero me daba un poco de susto que no me gustara y hacer mañas :P

Nico me invitó a comer a ese lugar un par de veces, pero seguí prefiriendo el Jerusalem Garden que es el que preferimos la nena y yo. Irse a la segura es mi máxima cuando se trata de comida, así que fingí demencia un tiempo.

Ayer Nico consideró que este día era un buen momento para probar algo nuevo y me armé de valor para que hiciéramos una reserva (y así no tener cómo cambiar de idea a última hora, esa es la verdad, porque me sentí comprometida) y justo después de eso me juntaba con Becca -mi conversation partner de los martes-, y como ya llevamos varios meses saliendo juntas y más o menos sé qué cosas le gustan, me pareció una persona cuyos gustos eran "confiables" para preguntarle por el restaurante y me dijo que era maravilloso y rico todo, así que me animó, aunque esto no significa que yo crea ciegamente en las opiniones de los demás, pero al menos alguien tenía una opinión positiva, y me refiero a alguien REAL, no como todas esas opiniones virtuales que vaya a saber uno qué clase de ser escribió (yo escribo en tripadvisor, imagínese usted esa desfachatez).

En la tarde, después de un largo día que incluyó aventuras diversas como: gimnasio; venir a la casa a adecentarse; estudiar inglés; almorzar con el guapo; ir a buscar a la nena, que la nena olvidara su mochila en alguna parte de la ciudad y hacer el recorrido inverso hasta concluir que la olvidó en el bus, llamar en mi paupérrimo inglés a la compañía de buses y que después de un rato me entendieran que la nena abandonó su mochila rosada con morada en un bus de tal línea que tomamos a tal hora en tal paradero; explicarle a la nena que no era grave perder la mochila e intentar calmar la pena que le producía perder sus cosas de valor y que en mi opinión son de real valor, como el cuaderno donde ha empezado a escribir el borrador para su tercer libro**, el cuello de lana que yo le tejí y sus zapatillas de deporte. Nico y yo sumamos a esa lista la tarjeta para el bus que dura 30 día y que empezó a usar ayer :P
A la nena se le pasó la pena cuando después de un par de llamadas nos confirmaron que la mochila estaba en el terminal de las micros y que fuéramos por ella***. Gracias al cielo eso era a dos cuadras del restaurante o hubiéramos perdido la reservación, o no sé.

Llegamos al restaurante y nos atendió un caballero IGUAL al de Los pollos de Breaking Bad, quizás sólo un poco mayor y menos delgado, pero se parecía mucho. Me quedé pensando en él mientras nos acomodaban.

Las mesas me gustaron mucho. Normalmente los manteles de plástico son bien feos (aunque igual uso uso acá xd), pero los que tenían ahí eran hermosos, además, estaban impecables (si usted me conoce sabe que soy muy TOC con eso de las mesas limpias). Me gustaron mucho los diseños, quizás la próxima vez que vayamos les mire la marca :D

La niña que nos atendía era muy graciosa. Normalmente las personas en los restaurantes son amables (EXCEPTO EN EL NOI DE VITACURA: los odio. Lea mi opinión en Tripadvisor), pero acá era de una forma desconocida para mí. Quizás soy muy flaite y eso de ir a restaurantes es demasiado refinado xd

Después de pedir lo que íbamos a comer: menú vegetariano para mí y el con carne para Nico y la nena; nos traen unas toallas mojadas y tibias que la joven enfriaba en el aire con una tenaza mientras explicaba que los etíopes se limpian las manos y los pies antes de comer. Por razones obvias acá sólo se limpian las manos y debo decir que es demasiado agradable. Nosotros ya habíamos ido a lavarnos las manos luego de pedir la comida, pero en realidad limpiárselas con toallas tibias es maravilloso. Otro nivel de ritual.

Llegan mi limonada, el té de Nico y el jugo de manzana clásico de la nena y al ratito las entradas. Yo pedí algo cuyo nombre ya olvidé por supuesto, pero que era hermoso con verduras y legumbres y lucía como masitas en forma de estrellas rellenas de cosas ricas. Nico y la nena tomaron sopa de  langosta (o algún ser marino)... Se dice que estaba rica.

Cuando terminamos nos llega una bandeja GIGANTE llena de porciones pequeñas de verduras, era encantadora y al centro ponen la carne y el pollo.Venían unas paneritas con unos rollos así que uno debía desenrrollar y cortar para poder comer.
Estuve varios minutos de torpeza mirando el rollo que ya no era rollo en mi mano y la comida en la bandeja, además de Nico y la nena ya acomodados comiendo. Pasada mi perturbación y cuando por fin dejé de buscar cubiertos, resignada a comer así, con la mano y esa masa que parecía de panqueque, pude disfrutar de la comida.
Honestamente me sorprendió la diversidad de preparaciones que pueden tener platos que parecen tan normales para cualquiera que suela comer verduras y legumbres. O quizás es que soy muy apegada a la tradición chilena. En fin, la comida me gustó mucho.

Como era con "refill" comimos hasta quedar satisfechos y felices. Cuando terminamos y se llevaron las bandeja y paneritas, nos trajeron más toallas para limpiarnos las manos <3 Con la nena estábamos fascinadas ante este ritual.

El postre, cómo olvidar el postre: un mouse de chocolate con frambuesa que venía en un vasito de chocolate muy bonito. La belleza de ese postre quedará en nuestra memoria.

Salimos más que conformes y aunque no es un lugar para ir semana a semana****, debo decir que aprobó para mí <3


Gracias por leer(me).
Abrazos semicongelados :D


* Sabía que era un lugar muy antiguo en África y que tiene unos parques nacionales hermosos. Eso. Soy muy ignorante.

** El primero es uno de ciencias muy lindo cuya única copia es MÍA MUAJAJAJA!; el segundo es uno hecho a mano por ella misma donde hace una lista de las mujeres de la historia que más le gustan y en donde yo cierro la lista, motivo por el que babié una tarde entera porque LOCO, una se siente súper honrada cuando es parte de la selección de bacanas que la nena hizo; y que por supuesto, la única copia del mundo también es MÍA.

*** Esto no hubiera pasado JAMÁS en Santiago, ciudad donde "el primero que lo ve se lo queda" :P Estas son las pequeñas cosas por las que un pueblo desconocido le puede caer bien a una, aunque el invierno dure como 7 meses.

**** No porque no sea terriblerrico, sino porque es un poco caro para nosotros, en honor a la verdad xd

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