domingo, 18 de enero de 2015

Días 42-48.

(Semana del 11 al 17 de enero)
Toulouse- Barcelona - Toulouse - París.

Barcelona es una ciudad preciosa.
No sé qué puedo decir.
Supongo que lo que más me gustó fue el clima y eso entorpece mi capacidad descriptiva.

Nos quedamos en el piso que Javiera Jofré comparte con sus compañeros ecuatorianos: Cinthya y Francisco. Muy simpáticos ellos.

Un día, después de una extensa, pero agradable caminata, llegamos al departamento y estaban las chicas junto a unos compañeros de universidad tomando once. Nos sentamos a conversar con ellos y luego de un rato uno de los chicos pregunta "¿es verdad que en Chile piensan que somos monos?" y yo "¿Qué?... No que yo sepa...", me ruborizo al pensar que un pueblo hermano crea que "los chilenos" digan cosas así de ellos. 
Mientras el resto intentó distender la situación y la conversación me puse a pensar bajo qué circunstancias pudo surgir una idea tan espantosa como esa. De pronto recuerdo que hace unos años, un senador UDI, cuyo nombre no vale la pena mencionar, se refirió así a los ecuatorianos, quizás fue a los venezolanos, y su tono era despectivo. Supongo que este penoso incidente salió en las noticias de su país o la idea se extendió y se aplicó a todos los países que exportaban bananas y con el pasar del tiempo se reformuló y pasó a ser un pensamiento chileno. No sé. El caso es que expliqué el asunto lo mejor que pude y me excusé. Le dije que en Chile, como en muchos países, tenemos grupos políticos de izquierda y de derecha y que había representantes públicos de ambos sectores. Agregué que lamentablemente muchos de ellos -sobre todo de derecha- tenían la tendencia atroz de hacer comentarios poco afortunados, y que la mayoría de las veces no representaban el sentir de los chilenos, muchas veces ni siquiera de sus votantes. Él entendió la explicación y dijo que no había problema, sólo que había aprovechado de preguntar si era así porque habíamos varios chilenos en la mesa y le llamaba la atención que pensáramos eso de ellos. 
Seguimos hablando acerca de las discriminación hacia los países vecinos -cosa que no comparto bajo ninguna de sus formas- y ellos nos contaban que le tenían "bronca" a los colombianos y a los peruanos, que para Chile no alcanzaba su mala onda, porque estábamos muy lejos.
:S
Nos reímos mucho.
Lo más gracioso era cuando intentaban que reconociéramos a cantantes ecuatorianos, mientras ellos conocían a varios chilenos. A propósito de esto, no sé por qué era tan famosa allá la Miriam Hernández. Luego de varios intentos fallidos que incluían nombres, reseñas y hasta las canciones más famosas de los cantantes en cuestión, llegaron a mencionar al único cantante ecuatoriano que conocíamos -pero que nadie sabía que era ecuatoriano- y era el muy afamado Delfín Quishpe, y agregaron "el del video de las torres gemelas". Al principio intentamos ser respetuosos porque si era ecuatoriano y la mitad de las personas de la mesa eran acuatorianas, no podíamos hablar sobre su carrera musical ni mencionar el terrible video de las torres gemelas, pero ellos empezaron a ridiculizarlo y nos dijeron que sus canciones eran espantosas y que la gente pensaba que todos los ecuatorianos eran así, y eso no era verdad. Para ellos era ofensivo, así que no nos reímos mucho ni agregamos burlas a las que ellos ya estaban haciendo. Pero pucha, igual es fome que el cantante más famoso de tu país sea Delfín. Creo que me estoy arrepintiendo de esta última frase :P

Estaba hablando de Barcelona.
Me gustó la comida y las bebidas típicas. 
Me gustó caminar por La Rambla.
Me encantó ir a Park Güell.
Ver las obras de Gaudí tanto en el parque como las casas construidas en Paseo de Gracia, calle a la que apodé "La Champs Élysées de Barcelona".
Barcelona es perfecta en tantos sentidos que la nena la declaró su ciudad favorita del mundo.



domingo, 11 de enero de 2015

Día 42.

Viaje a Toulouse.

El viaje en tren hasta Toulouse fue lindo.

El paisaje es precioso. A ratos me recordaba a Chile.

Quizás porque son los únicos paisajes que conozco y cuando uno se enfrenta a algo nuevo intenta comprenderlo a través de imágenes familiares. Tratando de encontrar las similitudes, las diferencias. Tratando de no olvidar lo familiar, evocando su recuerdo mientras se reciben estos nuevos pedazos de paisaje.
A ratos verde.
A ratos amarillo.

La gran diferencia está en las casas. En Chile hay casas de campo de todos los tamaños, pero difícilmente nos toparemos con una casa estilo "castillo medieval". Supongo que esas cosas pasan en Europa.

Me agrada viajar en tren.

Cuando llegamos a Toulouse vimos una ciudad pequeña, pero muy bonita. 

Anduvimos en micro, por segunda vez en Francia -la primera fue en París- y me llamó la atención lo educada que es la gente.
La historia es esta:
Alguien tocó el timbre y el conductor no se detuvo de inmediato. La persona dijo fuerte y firme "la porte monsieur s'il vous plaît" y el conductor se detuvo, abrió las puertas, la persona dijo "merci" y se bajó. 
Yo estaba impactada. Nadie gritó una grosería. Eso es lo que más me agrada de la gente de acá: son amables. Debe ser que considero una virtud -y no hablo en términos religiosos ni mucho menos- ser capaz de conversar, de disculparse cuando es necesario, de "reclamar" con respeto.

Matías y Javiera nos recibieron en su hogar. Conversamos harto, nos reímos y descansamos para partir a primera hora a Barcelona.

Hay mucho que conocer...




jueves, 8 de enero de 2015

Día 39

El día que fui la vieja del carro.

Ayer Marce nos acompañó (muy amable y gentil <3) a la municipalidad a solicitar un documento (que te dan a cambio de varios que uno debe llevar) para que Sofía vaya al colegio acá.

Preguntamos por una lavandería cercana, porque la del edificio no está funcionando.

Philipe -que es mujer- nos dijo dónde había una. Tras consultarla y ver que lavar un pantalón costaba 10 euros, decidí ser una patuda -Nico me incitó- y aprovecharme de que Marcela nos invitó a almorzar -a la Sofi y a mí- y le pregunté si me prestaría su lavadora. Como ya me la había ofrecido antes dijo que sí altiro y decidí meter la ropa sucia al carro de feria* y transportarla hasta las afueras de París con toda la perso sudaca que se puede tener.

Para variar estaba nublado, pero además llovía.
Para no tener que subirme al metro que está frente a la residencia decidí (Nico lo recomendó) que era mejor caminar hasta la siguiente estación -que está a 3 cuadras aproximadamente- y tomar el tren que lleva a Massy.
El tiempo aproximado de caminata hasta allá es de 10-15 minutos, considerando el "paso Sofía".
Este particular día tardamos 45 minutos las dos + el carro bajo la lluvia.

Llegamos a la estación, mientras bajábamos al andén vi pasar el tren que nos servía. Llegamos abajo y miré la pantalla donde aparecen los trenes que vienen, los minutos de espera y la dirección. El próximo era como en 20 minutos. Se supone que el tiempo de espera en la pantalla se reduce a medida que pasa el tiempo real. Sin embargo al llegar a los 10 minutos empezó a subir a 11 y bajar a 10, luego a 9, y volvía a subir a 10 y 11. Así varios minutos y yo me estresaba.
Llamé a Marce para saber si estaba bien en la dirección que debíamos tomar y para avisar que íbamos atrasadas, aunque supongo que a esa hora ella ya había notado que íbamos atrasadas...

De pronto se anunciaba un tren con equiz dirección en la pantalla, pero el que venía llegando era el nuestro! Como no estaba segura, fui a preguntarle al conductor, quien amablemente y sonriendo me indicó que sí, que ese era mi tren y subimos corriendo con la Sofi (y el carro).

Nos fuimos en la sección del carro que es para bicicletas y gente que va con bultos.

Cuando llegamos tuvimos que caminar bajo la lluvia y el viento.
Había un viento agradable, pero que a ratos enloquecía y nos empujaba. Con Sofía íbamos muertas de risa. Casi nos caemos un par de veces, pero era graciosa la situación.

Lavamos mucha ropa entre conversa y comida.
La comida estaba rica.
La conversa entretenida.

Cuando volvíamos le dije a Nico que fuera a buscarnos al metro.
Ya no podía seguir tolerando arrastrar ese carro por las eternas escaleras del metro parisino y con la Sofi de la mano.
Me faltaba la pura guagua colgando...


* Entre todos los días que no he escrito no sé si ya conté la historia del carro de feria. Como me da una lata atroz revisar, voy a contarla de nuevo. Si usted ya la leyó siéntase en libertad de obviar esta sección.

Resulta que fui un día al mercado con la fija intención de comprar un carro de feria, porque en realidad nos serviría para el mercado y el supermercado -luego supe que también para acarrear ropa a la lavandería-. El asunto es que llego al lugar donde los vendían y veo uno que me encanta: tiene lunares. Busco la etiqueta con el precio y me sorprendo escandalosamente cuando veo que costaba 97 euros. Miré bien pensando que faltaba una coma. No. Costaba 97 euros. La idea de tener por fin el carro de feria de mis sueños** se iba a la chucha. Así de simple. El asunto es que sigo mirando los más normales y encontré unos lisos "baratos": 35-37 euros. Ustedes comprenderán lo aberrante que me pareció pagar esa cifra por un carro de feria. UN CARRO DE FERIA. Espero no se sientan ofendidos los carros de feria.
Desistí y continué mis compras de verduras y frutas.
En un momento de la vida mis manos y un brazo estaban al borde del descalabro*** así que regresó la intención -que se convirtió en necesidad- de tener un carro.

Me acerqué al lugar que te asaltaba sin armas y te tiraba un carro a la cara -porque la necesidad tiene cara de hereje- y pagué con dignidad los 35 euros que costaba el carro más barato. Vale decir que al menos pude elegir el color: morado.

Puse apresurada las bolsas que llevaba y me vine a la residencia caminando feliz con el carro más caro jamás comprado...

Lo del carrito ya es todo un acontecimiento y tema de nuestras conversaciones, ya que todos los chilenos que están acá se han sorprendido con el valor asignado a estos artículos que deberían estar en la lista de los de primera necesidad. O sea, no puedo creer que tener lavavajillas -aunque nosotros no tengamos- sea de primera necesidad, pero un carro de feria no.



** Lo sé. Este comentario es muy de gente fanática de los carros para el supermercado y la feria. Fijación otrora adjudicada a las señoras, pero que la modernidad nos ha mostrado no ser limitada a un género o una edad específicas.

***Nota Mental: No comprar más cosas de las que puedes cargar. Recordar que no andas en auto.


domingo, 4 de enero de 2015

Día 35.

Musée d'Orsay.

El evento de hoy fue la visita al Museo de Orsay.

Espacio en que antiguamente residía una princesa, luego pasó a ser estación de trenes y desde hace no muchos años alberga un museo.

La entrada está decorada con estatuas de animales enormes.

Luego de una no tan perversa fila logramos ingresar antes que muchos gracias a la nena: el guardia se acercó y nos dijo que hiciéramos la fila preferencial "pour la petite". ¡Maravilloso!

Nos juntamos con Cristopher y Marcela (+Octavio) en el quinto piso y comenzamos el recorrido por los  impresionistas.

Entre los Manet, Renoir, Pissarro, Degas o Monet me sentía totalmente agradada. Era una serie de obras de las uno ve miles de copias, fotos, impresiones o dibujitos en su vida, sin embargo, encontrarlas ahí, en vivo, es una cosa loca. LOCA.

Me encantó poder mirar esas obras de lejos, de cerca. Ver las pinceladas y los colores que los artistas usaron para crear sus pinturas.

Entre ellas había obras con diversas técnicas y debo reconocer que del quinto piso las más impresionantes -de manera muy personal- fueron: Un coin de table  y Hommage à Delacroix, ambas de Henri Fantin-Latour, aunque son realistas y no impresionistas.
La primera obra es un óleo del del año 1872. Desde que la vi por primera vez, en una pantalla de computador megustó, aunque antes había visto una sección "recortada" donde sólo se ven las caras (+ postura) de Rimbaud junto a Verlaine. Cabe decir que la foto del computador no le hace justicia a la pintura que mide 1,60 x 2,25 M. Es hermosa...
La segunda también es un óleo, del año 1864 y la sección más conocida es donde sale la cara de Baudelaire. También sorprende su tamaño total: 1,60 x 2,50 M.

Son obras enormes y que además retratan una época. Una forma de ser artista. Unos artistas...
Las tuve que observar detenidamente, a cierta distancia y durante bastante tiempo, porque eran tantos los detalles...

Obvio que ahí aparecen otros sujetos, pero no me gustan tanto.

La GRAN sorpresa para mí fue el enigmático Vincent Van Gogh, a quien Sofía llamó "el señor de barba anaranjada". Sus obras logran un efecto que sólo puede comprenderse en vivo y en directo. No es para molestar a quienes no hayan visitado el museo, sino para que excusen que junto a mi escaso talento descriptivo y mis nulos conocimientos de arte, se me haga imposible elogiar sus obras con la probidad que merecen. Sin embargo diré que los colores y formas consiguen efectos insospechados... lo amé.

Como dato anecdótico mencionaré a la cantidad absurda de gente que anda tratando de tomar fotos "a la mala". Hay personas del museo en cada sala que tienen la difícil misión de impedir que los visitantes fotografíen las obras, pese a que tanto en la entrada del museo, como en las de cada sala dice que no se deben tomar fotos ni tocar las pinturas. Vi a una señora que no entendía, estaba en un nivel supremo de irracionalidad obsesiva con las fotos y mientras le decían que no tomara fotos decía "ok, ok" y seguía tomando. Al principio le decían con la amabilidad que caracteriza el trato francés, pero después era con enojo. Como me crucé con ella en varias salas capté su modus operandi (sí, ella era una delincuente de la cuestión) y cuando la estaban mirando mucho -porque ya la tenían identificada- le decía a la hija que tomara fotos con su celular, la niña (que debe haber tenido entre 11 y 13 años) iba con cara de casi-mañas y tomabas las preciadas fotografías para su obsesa madre.
Había más locos de las fotos, pero esta señora era -a mi juicio- quien tenía la mayor fijación con las fotos.

Para terminar el día: mejillones (lo que conocemos como "choritos").
Demasiado ricos. Tenía ganas de comer desde la semana que llegué a París. Lo mejor del lugar -llamado Léon de Bruxelles- eran las papas fritas "à volonté" con las que casi llevamos el lugar a la quiebra.

Adjunto una fotografía que tomé de la página del local, disponible en internet, pero que es IGUAL al plato -que en realidad era una olla- que me llevaron, así que les puedo decir que no hay fotoshop ni en los ingredientes ni en los colores. 


Un completo agrado...

jueves, 1 de enero de 2015

Día 32

¡Año nuevo!

Pasamos una agradable velada con los amigos chilenos en París.

Bebimos champagne, de Champagne :)

Bebimos cerveza.

Bebimos vino.

Bebimos pisco.

Sí, bebimos harto. Pero éramos hartos y muy poco alcohol, así que al final fue como una probadita de cada cosa no más.

(Cara de inocencia).

Cenamos rico <3

Es bacán preparar las cenas de fiestas :D

Miramos cómo era el año nuevo parisino a través de un canal de televisión francesa.
(En realidad encendimos la tele para el "10, 9, 8, ..." y darnos el abrazo a la hora local).

Nos reíamos un poco de la falta de interés y entusiasmo del notero que mostraba a unos exaltados parisinos en el Arc de Triumph. Había lucecitas de colores y cosas así.

La gente no se da abrazo de año nuevo. Al menos no se lo daban ahí, o no lo mostraban en la tele. Como sea, nos pareció una fomedad el nivel de "no tocarse" que tienen acá. Obviamente tiene que ver con cuestiones culturales que no entendemos, pero nos pareció gracioso y fome.
Se supone que ese era el símil del año nuevo en la torre Entel, pero sin el escándalo. Sin los abrazos hasta a los carabineros. Sin Tommy Rey.

Raro, ¿no?

Feliz año para todos!

Abrazos apretados :)

(Me gustaría poder darle esos abrazos a varias personas que están en Chile ahora, ya lo haré cuando vuelva. Los amo!).



Colaboradores