martes, 30 de diciembre de 2014

Día 30.

Versailles.

Temperatura: espantosamente helado. 
Fila: dos horas.

Después de viajar a las afueras de París en busca de la posibilidad de hacer un recorrido por el Palacio de Versalles y de casi morir perdidos y congelados en el intento de volver, haré un breve y -evidentemente- personal relato de los acontecimientos. 

Entiéndase que me reservo el derecho de obviar todo detalle que me parezca obviable o que haya olvidado :D

La neblina que veíamos a medida que nos acercábamos me daba un poco de susto, se entiende que porque la humedad+frío no me gustan.

Cuando nos bajamos del tren empezamos a caminar y el frío se hacía sentir de manera un poco cruel (al menos para mí).

Llegamos al lugar donde supuestamente estaba el Palacio famoso, pero no lo veíamos.

Había una reja, una multitud, una humedad relativa del 99 % (en realidad no tengo idea), una estatua de algún sujeto que ya olvidé, pero que tenía un problema de ego.

Hicimos la fila como todo buen ciudadano y nos congelamos como todos en ese lugar.

Luego de una eternidad que sólo fue posible soportar gracias la buena onda de los chiquillos, las conversas, el pelambre a los vecinos de fila y las mutuas animaciones para no morir ahí (trasladar un cadáver a Chile desde acá es un cacho, como ya ha dicho Nico en múltiples ocasiones, entre otras cosas) y cuando ya nos encontrábamos a menos de 10 personas del primer guardia del caminito "cerrado" se empiezan a acercar dos alemanas hablando a todo volumen -en plan intimidador-, muy rubias y alemanas ellas, estaban acompañadas de dos sujetos que no hablaban, pero que hacían bien su trabajo intimidador (al menos eran bastante altos). 

Con la Javi nos preguntábamos qué pensarán las demás personas cuando nos escuchan hablar, porque nosotras a las alemanas les entendíamos "traj gaj chein traj reich" (léase con ese acento y volumen exagerado como el de Hitler cuando se entera del descalabro en la película Der Untergang) y nos parecía gracioso imaginar la forma absurda y/o exagerada y/o ridícula en que nos escuchan los demás. Obviamente no decían eso, eso era más o menos la imitación que nosotras hacíamos.

De pronto uno de ellos empieza a ponerse delante del lugar que yo estaba ocupando en la fila. Con la Javi nos miramos anonadadas y reclamamos "¿se están COLANDO?!". Nos adelantamos y quedamos pegadas a la familia que iba delante nuestro desde que llegamos. Luego los chiquillos, que iban unos pasos detrás de nosotras empiezan a decir "ESTOS WEONES SE ESTÁN COLANDO?!" y entre lo escandalosos y siendo los clásicos representantes de la chorezachilena les dimos miedo (eeella!) y se colaron igual, pero detrás nuestro. 

Cuando por fin llegamos al guardia los brasileños frente a los que se metieron los acusaron y el guardia hizo un gesto solemne y apuntando con su brazo hacia un lado los hizo salir de la fila. Todo el mundo se alegró.
Supongo que a nadie le gusta que la gente no respete las filas, sobre todo cuando has estado en ella dos horas. DOS HORAS.

Entramos y subimos directo a tomar café/chocolate. 

Caminamos por el "patio" delantero. Por el espacio que hay justo entre la reja famosa y el frontis del palacio. Y así como desde la fila no era posible ver NADA del palacio, desde el palacio no era posible ver a la multitud.

El recorrido por el castillo se la imaginarán quienes han visto mis fotos en facebook. Se nos acabó la batería de la cámara así que tomé fotos al recorrido con la cámara de mi celular y las subí para que se hagan una idea de lo que vi. La calidad no es muy buena, así que imagínense el lugar lo mejor que pueda. O busquen fotos en internet...

¿Qué puedo decir sobre el lugar?

Resulta que es lindo -a ratos-, pero a mí me agobió tanta opulencia. Es como que llega el momento en que uno entiende la revolución y se une al grupo que intenta guillotinar gente.
Eso.

Creo que fue Víctor quien dijo que Luis XIV era como el Daddy Yankee de la época.
Y sí.
Demasiado dorado.
Demasiado adorno.
Demasiado demasiado.

Esta gente no entendía la idea de mesura.
Lo de "menos es más" es un concepto demasiado moderno para ellos.


Al regreso veníamos medio dormidos en el tren y algunos hacían mañas por el cansancio excesivo.

La nena aguantó bien el frío y la larga caminata.

No sé qué más podría decir...

domingo, 28 de diciembre de 2014

Día 28

Como usted amable lector habrá notado, la escritura de este blog ha estado relativamente abandonada no por falta de ganas o motivos, sino más bien por las circunstancias.

(...)

Como sea, intentaré mantenerl@ informad@ acerca de las actividades que realice. Si le parece, claro.
Si a usted le causa alguna clase de animadversión enterarse de lo publicado, absténgase de seguir leyendo y -sobre todo- de comentarlo a quien con entusiasmo publica acá. No está demás está decir: a mí.

De todas formas, yo no sé quién/quiénes leen esto. 
Imagino que gente interesada en lo que escribo; amigos míos o gente muy copuchenta, qué sé yo, da igual. Lo importante es que lo lean quienes quiero que lean también, digo, además de los antes mencionados y que vendrían a ser quizás un grupo de gente indeterminado.

Haré una rápida recapitulación de los eventos/actividades del día.

Hoy visitamos el Cimetière de Montmartre y lugares cercanos. Lindo lugar. Hermoso lugar. No me cansaré de decir que esta ciudad tiene demasiados lugares de postal. En todas partes uno se encuentra con un rincón digno de ser visitado, fotografiado o recordado.

Al salir de la estación de metro lo primero que se ve es el Moulin Rouge. Nada especial. O sea, un molino rojo
Al parecer al interior hay de esos espectáculos que no comparto que aún existan*. Destaco que ahí haya cantado alguna vez la magnífica Edith Piaf y no sé más. Espero equivocarme respecto al espectáculo, sin embargo, una rápida mirada en la entrada del lugar me hace creer que no.


Sobre el tiempo del día puedo decir algunas cosas espeluznantes (dígame exagerada, me gusta). Como usted que es seguidor de los eventos que acá se relatan podrá recordar, he mencionado insistentemente -lo que puede malinterpretarse como una queja- el frío de la ciudad, que claro, si uno ha vivido siempre en el norte europeo no será nada terrible, así como los habitantes de Siberia podrían reírse y ridiculizar mi baja tolerancia a las temperaturas de esta zona, alguien de sangre caribeña podría sentir día a día que muere de hipotermia caminando por esta ciudad, todos percibimos de manera distinta el frío y el calor, supongo. El caso es que HOY fue el día que más frío he sentido, y cómo no si la sensación térmica fue de -6° casi todo el día, entonces podrá imaginarse la forma en que temblé caminando por París y sea tenido en cuenta mientras se leen los párrafos que vienen: EL DÍA MÁS FRÍO DE PARÍS.

Después de visitar las tumbas de Zola, Degas, Truffaut y Berlioz, nos encontramos con Javi, Mati y Víctor y caminamos por los alrededores de esa zona.

Pasamos por el café donde trabajaba Amélie Poulain en la película :D
Acá una foto:


Intentamos entrar, pero entre el frío y la popularidad del lugar no había espacio para 6.

Fuimos a otro café a beber chocolate caliente, aunque en realidad bebí café. De todas formas NUNCA en mi vida había tomado tantos chocolates calientes como acá en París. Debe ser la única forma de sobrevivir a tanto frío OHZEUS! 

Luego caminamos por unos lugares cuyos nombres ya olvidé, pero de los que evidentemente habrá fotos.

Subimos a la Basilique du Sacré-Cœur que -como todas las iglesias parisinas- es preciosa.
Había misa.


Creo que nuestros niveles de cristiandad han aumentado esta temporada.
Llevamos una cantidad incontable de iglesias visitadas. Fotos de iglesias. Mi hija rezó...
Nos estamos ganando el cielo: ¡maravilloso!

Una reflexión: la de plata que han gastado en la historia de las iglesias haciendo iglesias lindas acá en París. Es que es increíble la cantidad de iglesias que hay. Y no hablo de "capillas", ¡IGLESIAS! con sus arcos, pinturas, mosaicos y vitrales, con cura y todo. Con coro. Con gente rezando. MUCHAS iglesias. Me recuerdan un poco la fijación con las farmacias y las botillerías santiaguinas. En cada cuadra uno puede toparse con una. 

No sé qué más podría decirse de este día.
Saludos!



*Para detalles, sírvase invitarme un café (o cervezas) y le cuento sin censura. 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Día 24.


"Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país, se extraña el barrio en todo caso, pero también lo extrañás si te mudás a diez cuadras. El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país, es un tarado mental. ¡La patria es un invento!
(...)
Uno se siente parte de muy poca gente; tu país son tus amigos, y eso sí se extraña, pero se pasa."

Maldito Martín!
La nostalgia no es un verso.

La patria y todo eso sí, lo comparto, por supuesto.

Sí se extraña el barrio, los amigos, la familia.
(Y no se pasa).

Se extraña más cuando estás al otro lado del océano. Y te das cuenta que todas esas veces en que te dio lata viajar una hora para ver a alguien fueron una pelotudez.

Y te das cuenta de que esas festividades que durante mucho tiempo no fueron más que un trámite (sobre todo cuando no eres creyente), igual tienen su sentido lindo. Que todos se toman el tiempo y la libertad de compartir, de estar juntos, de hacerse regalos. Y no me refiero a la idiotez de gastar fortunas en regalos, sino a buscar algo lindo para dárselo a alguien que te importa, a alguien que quieres.

Pasaremos la Navidad con amigos chilenos que están acá.
Disfrutaremos de un momento "como en casa", al final, todos tenemos esa nostalgia de las fiestas de fin de año con la gente que queremos y nos haremos compañía.

Feliz fin de año!

lunes, 15 de diciembre de 2014

Día 15.

El reto de la doctora...

Mucho tiempo del día con lluvia.

Aunque llueve poco.

Es extraño eso. No hay esa lluvia escandalosa de Santiago.

La ciudad no se inunda y uno puede caminar con relativa tranquilidad varias cuadras sin sufrir accidentes asociados a la lluvia -salvo que una niña vaya corriendo enloquecida porque no ha salido en todo el día y se caiga cada 2 cuadras-.

Se ve lindo París bajo la lluvia. Sobre todo porque hace "menos" frío.

Fuimos al médico con la Sofi, Necesitamos un documento "oficial" que diga que tiene las vacunas al día para que pueda ir a un colegio acá.

Nos atendió una pediatra argentina que lleva 28 años en Francia.
Nos conversó mucho tiempo. La atención duró más de una hora. Nos dio muchos datos, sugerencias, recomendaciones y algunos retos :P Sofía tiene que tomar vitamina D acá, por eso de que no hay sol.

Caminamos un buen rato bajo la lluvia, pero fue lindo.

Insisto: esta ciudad es linda bajo la lluvia.


domingo, 14 de diciembre de 2014

Día 14.

O de la congelada caminada por Les Champs-Élysées.

El lugar es precioso.

Es como el París multitudinario, pero no muy cosmopolita. Al menos la mayor parte de la gente que se ve es "europea" (con los rasgos que eso implica).

Hacía un frío terrible. Salgo medio agachada en todas las fotos porque no era capaz de dejar de tiritar.

Bebí vin chaud, que me permitió entrar en calor y sentir que al menos era capaz de recorrer la calle hasta el famoso Arco del triunfo.

Estaba lleno de las tiendas y artículos más ostentosos que he visto jamás.

Ok, quizás exagero, pero estaban todas las marcas conocidas (o que yo conozco) y otras no tanto (o que yo no conozco) con sus tiendas ad hoc a la época navideña, llenas de gente comprando -o mirando- y donde todo el mundo cultivaba el "buen vestir" que le dicen. Abrigos lindos, bufandas lindas, gorros lindos... lo que más se veía. 

Pasé por el baño más caro que he visto: 2 euros. Su gracia era ser el más limpio del mundo -según anunciaban en la entrada-. En el pasillo donde se hacía la fila (sí, usted créalo, para los baños caros del "primer mundo" también hay fila) había una cantidad de cachureos para baños. Desde tapas de W.C. con diseños de mapas o de Hello Kitty a 120 euros (-.-') hasta papel higiénico con estampado de la Torre Eiffel a 10 euros (creo que ese era el precio, si alguien va ¿lo podría corroborar?). En la fila había señoras con carteras carísimas y abrigos de piel (yo pensaba que eso era ilegal).

Seguimos caminando y el efecto del vino empezó a irse, así que sentía mucho más frío..

Con Sofía posamos para algunas fotografías del lugar.

Había una cantidad grosera de publicidad. Los precios también eran groseros.

Esperamos volver a ir un día que no nos toque tanto frío... quizás...

Al final nosotros sólo fuimos a mirar.


sábado, 13 de diciembre de 2014

Día 13.

Anoche estuvo lloviendo mucho.

El clima era el correlato de mi estado de ánimo.

Se veía bkn la noche.

Me dormí temprano: efecto de la cerveza.

Desperté temprano: efecto de haberme dormido temprano producto de la cerveza.

Luego regaloneamos con la Sofi, que también despertó temprano.

Al medio día salimos a caminar por la ciudad.
A mojarnos.

Fuimos de nuevo a Notre Dame. Sigue siendo precioso e impactante.
Supongo que siempre uno ve cosas que no vio la primera vez por el éxtasis de ser eso: la primera vez.

Hacía frío y Nico insistió en ir a Au P'tit Grec -lugar al que nos llevaron Cris y Marce- a comer crepes.
Honestamente son ricos. Nada que decir.

Mientras esperábamos había una señora española reclamando porque había tanta gente. Después dijo que había valido la pena esperar.

A la vuelta pedí indicaciones para llegar a un metro. Una amable francesa me indicó y entendí. ENTENDÍ!
Maravilloso :D

En el metro, camino a Gare de l'est, venía una pareja argentina conversando muy alto.
Ella reclamaba por el olor del metro. ¡Es que el olor del metro OHZEUS! Acá la gente le hace el quite a la ducha... parece...

Decía con su acento argentino:
"MUY ciudad del amor será. MUY torre Eiffel. MUY Lafayette y todo lo que querás, pero el metro es un ASCO! La gente acá NO SE BAÑA. Todo huele mal. Es HORRIBLE!"
(Ponía énfasis excesivo en lo que puse con mayúsculas, se entiende).

A mí me daba risa.
Él le decía "sí, sí, todo es terrible" (sin ánimo de burla. Él claramente compartía esa opinión. Yo también).

Conversaron de otras cosas a las que no puse atención.
Yo conversaba con Sofía sobre el paraguas con el que venía jugando y le pegaba a la gente. Intentaba convencerla de que eso no se hacía y que fuera cuidadosa.

En otro momento ella -la argentina- decía que debían volverse a Suiza y "no venir más a esta ciudad asquerosa!".
Yo me preguntaba si ella se daba cuenta de lo que hacía. Estaba puteando una ciudad y a la gente que vive en ella, pero estaba AHÍ!. Gente desubicá.

Cuando se iban a bajar no se dieron cuenta que era una de esos carros en los que hay que apretar el botón para que se abra la puerta. Como no lo hacían casi se quedan arriba. Lograron bajar rápido mientras ella vociferaba "EL BOTÓN DE MIEEEERDA?!!!" (entre otras cosas que no logré descifrar).

En la tarde fuimos a una reunión de gente que vive en el edificio. Era como un carrete muy piola donde se presentaban y bebían jugo o vino y comían frutas.
Había dos canadienses (una escritora, la otra se dedicaba a la historia del arte o algo así), un alemán, un italiano, una brasileña, una japonesa y nosotros.

Todos hablaban en francés, a ratos cambiaban a inglés. La brasileña me hablaba en portugués, dijo que no hablaba español, pero yo le entendía en portugués y ella me entendía el castellano. En un momento todo el mundo hablaba en su idioma de origen -menos la japonesa- y todos nos entendíamos. A pesar de que al principio estaba MUY aburrida -el italiano era un pedante que hablaba en francés muy rápido a pesar de saber que no todos entendían- finalmente me entretuve.

Más tarde tuvimos nuestras primeras visitas: Víctor y Sebastián.
Bebimos vino y conversamos.
Fue divertido :)
Gracias por la visita chicos!






viernes, 12 de diciembre de 2014

Día 12.

Anoche miraba la sombra del árbol que está justo afuera de nuestra ventana y entendí eso que muestran en las películas gringas: cuando aparece un niño tapado hasta la nariz asustado porque ve el árbol como si fueran manos que se acercan a él a través del muro que está junto a su cama.

Yo no me asusté, pero estuve mirando el árbol -su sombra- bastante rato sin poder quedarme dormida.

Se movía bastante. Había viento.

Hoy sigo congestionada.

Me siento enferma.

Hacia el final de la tarde me siento triste...

Extraño Chile.

(...)

Mañana escribiré algo lindo.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Día 11.

O de la aventura para llegar al mercado.

Desperté congestionada y sintiéndome enferma.
Tengo dolor de cabeza.
Malestar general.
No fui capaz de bajar a buscar paracetamol, pero apenas pude lo hice y me tomé dos.
Ya era tarde.

Clima del mal!

Al final del día me animé para ir al mercado.

Fuimos una vez la semana pasada con Nico y Sofía. Como yo no me acordaba bien dónde era -no estaba segura, en realidad-  le pedí indicaciones a Nico. Él me dijo por dónde ir. Le hice caso. 
Resultado: no llegué al mercado.

Continuando con la idea de que las calles toman direcciones raras de una cuadra a otra y que muchas "manzanas" son triangulares o tienen unas formas de pentágonos, es todo muy raro.

El asunto es que Nico me dijo "cuando llegues a la esquina" (una esquina que conozco bien), "en lugar de ir a la izquierda, donde está el supermercado, toma la calle de la derecha". Yo decía "pero es que ahí tengo que doblar a la derecha", y Nico "no, por la calle de la derecha". En fin. Esa era otra calle. No lo culpo ni nada. Está bien. Entiendo la confusión. Yo misma estaba confundida y bueno. Esas cosas pasan cuando uno anda por una ciudad que conoce hace poco más de una semana.

Caminé por el boulevard Strasbourg Saint-Denis. Un lugar lleno de peluquerías donde ponen extensiones, hacen alisados con keratina y cosas cuyo "apellido" es brésilienne.
Llegué a un Kentucky Fried Chicken y me di cuenta de que eso NUNCA estuvo en mi ruta. Además, llevaba harto rato caminando y el mercado no estaba tan lejos.
Estuve a punto de tentarme a distraerme mirando cosas en unas tiendas, pero me controlé y pensé que si ya estaba perdida, al menos sabía por dónde devolverme, pero si me ponía a mirar wevadas iba a estar perdida para siempre y rodeada de gente poco amigable.

Hice lo más sensato y me devolví por donde mismo.
Caminé un rato y la única persona que vi que tenía cara de amigable era el guardia de un teatro.
Me acerqué y le dije "excusez-moi monsieur. Je ne parle pas français... la rue... Magenta?"
Y me responde "Boulevard Magenta!". Y luego muy amablemente me invitó a mirar un mapa que había justo frente al teatro y me explicó cómo llegar. Luego le dije que iba al "Marché  Saint-Quentin" y me dijo exactamente por dónde ir. Entre medio hacía gestos y creo que buena parte de mi comunicación últimamente ha sido gestual y llena de onomatopeyas. La gente me dice cosas como "puuúm" mientras hace el gesto de caminar, y luego dicen "buaáa" mientras hace el gesto de doblar.
Tal vez creen que no hablo nada de nada.
Después me preguntó de dónde era. Le dije que de "Chili" y puso cara de extrañeza absoluta. Luego le dije que era Sudamérica y sonrió e hizo un amable gesto como de recordar algo, pero yo sé que no.

Nos despedimos, me deseó mucha suerte y llegué al inicio.
A la famosa esquina.
Doblé por donde siempre creí que había que ir.
Llegué al mercado.
Busqué al amable señor de las frutas.

De vuelta pasé al supermercado. Eso ya no es una hazaña. 



miércoles, 10 de diciembre de 2014

Día 10.

Amanecí un poco congestionada.
Este frío no me ayuda en nada.

Sofía fue a un carrete navideño en Paris-Dauphine con Nico. Comieron muchas cosas ricas. Vieron una obra de teatro. Sofi se hizo amiga de Helena, la hija de Miquel, que es español. Jugaron toda la tarde. Vieron a Père Noël y cosas así. No sé más porque no estuve ahí.

En la tarde me junté con Marine.
Quedamos de vernos en la estación Saint-Michel, junto a la fuente.

Llegué 15 minutos antes de la hora acordada. Recorrí mirando los puestos de souvenirs. Esperé un rato y cuando ya habían pasado dos minutos de nuestra hora de cita empecé a mirar a toda la gente que andaba al rededor.

Muchos se sacaban fotos. Comenzaba a llover.

Fue todo muy gracioso porque como no la conocía, no sabía cómo saber quién o cómo era. Me dio un dato: llevaría abrigo burdeo y gorro rosa.

Como ese era un dato dado el lunes, era posible que se le hubiera olvidado, qué sé yo. Empecé a mirar a todas las chicas que caminaban por el sector de la fuente a la espera de alguien. 

Había una niña con abrigo verde justo a mi lado y me miraba. Al fin me armé de valor y le pregunté en mi francés pobre si ella era Marine, se disculpó y dijo que no. Era una gringa muy amable que comenzó a hablarme en inglés. Me disculpé y seguí esperando más allá.

Había otra chica donde me quedé esperando, tenía abrigo rojo y aunque no llevaba gorro, tenía un pañuelo de cuello bien grande, como bufanda de tela que era de color rosa. 
Supuse que estaba en la gama de colores. Que quizás lo que para mí era rojo para ella era burdeo. Que se le olvidó el gorro. En fin. Pasaron unos minutos y le pregunté. Me miró con cara de nada y dijo "non". Era francesa. Claramente era francesa. Tenía ese ademán y gesto. Me incomodan un poco. Le pedí disculpas muy avergonzada -ya parecía la acosadora de la fuente. Hasta me imaginé siendo grabada y subida a internet como una acosadora callejera en París y cosas atroces por el estilo- y me sonrió diciendo que no me preocupara. Eso tienen los franceses. Al principio parecen pesados o algo así, luego son amables. 

Seguí esperando y ya no quería acercarme a nadie.

Pensé que se había olvidado de nuestra cita.
Que le daba lata.
Que había llegado, me vio y se fue (no sé cómo llegué a esta idea tan ridícula, ella no sabía cómo era yo).

Al fin vi a una joven muy alta y delgada con abrigo burdeo, un evidente burdeo, pero sin gorro. 

Iba corriendo agitada. Y tenía cara de llamarse Marine...
(Ríanse si quieren, pero creo que la gente a veces tiene cara de cierto nombre).

Me acerqué y dije "Marine?". Sonrió y dijo "JOCE!", Era Marine!!!
Nos saludamos afectuosamente, como si nos conociéramos desde hace años y lleváramos tiempo sin vernos.
Ella habla poco español. Yo poco francés.
No sé si se habrá aburrido o no.
Yo lo pasé estupendamente.
Nos entendíamos todo.
Ella completaba mis frases en francés. Yo sus frases en español. Supongo que ambas nos estábamos esforzando por comunicarnos. Hacíamos muchos gestos. Hablábamos lento. La idea siempre era que la otra comprendiera lo que una decía. Así que fue bkn. 

Comimos en un lugar que tenía muchos postres y cosas ricas.
(Yo llegaré obesa, ya avisé).

Luego caminamos.
Caminamos mucho.
Caminamos más.
Me desoriento fácilmente acá. Le explicaba a Marine que en Santiago es muy sencillo saber hacia dónde ir. Uno mira la cordillera y ya sabe para dónde está el norte, etc. Acá no tengo ningún punto de referencia. Además, muchas calles son como rotondas pequeñas o van en diagonal, por lo que perfectamente puedo ir todo el rato caminando "derecho" y volver a donde estaba...

Hacía frío.
Buscamos chocolates.

Conversamos muchas cosas graciosas y otras más serias.
Le sorprendió que tuviera 3 hermanos. Le sorprendió aún más que tuviéramos tanta diferencia. Hizo una pregunta que trasciende continentes: ¿son todos del mismo papá y la misma mamá?
Para su sorpresa -y la del mundo- sí. 
Marine dijo "tus papás adoran tener hijos".
Yo creo que sí.
:D


A mí me daba risa que ella dijera "bizarro" para todo lo que era "raro". Le expliqué que en castellano "bizarro" es otra cosa, pero que además, si se usa, se usa con un sentido de extrañeza extrema (aunque eso viene del inglés, creo).

Mientras caminábamos yo le sacaba fotos a algunos lugares.
Vimos el puente de candados. Se supone que las personas que se aman ponen candados ahí.
Ese tipo de cosas me parecían bien a los 14 años.
Supongo que mi actual estado de vejez -y de ánimo- me impide verle el lado entretenido a esas supersticiones.

Marine me dijo que la gente estaba loca.
Creo lo mismo :D


Nos despedimos con la promesa de volver a juntarnos.
Ojalá que quiera de verdad juntarse conmigo.
:D

Cuando llegué a la casa no había nadie.
A los 5 minutos escucho a Sofía corriendo muerta de la risa por el pasillo.
Le abrí y me dio chocolates.

Hemos comido muchos chocolates...

Al final se los comió casi todos ella.









martes, 9 de diciembre de 2014

Día 9.

Día muy normal hasta que fuimos al Cimetière Montparnasse.

La sola idea de ir a ese lugar me producía una emoción alocada.

Es como el fetiche ñoño adolescente ir a los cementerios de París.
Además de toda la mística que -se supone- tienen los cementerios, está aquello de las celebridades que descansan ahí. Es algo simbólico, nada más, nada menos que eso.

El asunto es que iba muy emocionada por el camino.
Cuando llegamos estaba al borde de la locura. Como en éxtasis.
Entramos y la sonrisa no me la sacaba nadie.

Llámenme loca, como quieran, pero por fin estaba  en el MONTPARNASSE!

Quería correr a buscar las tumbas de Julio, Charles o Simone, pero el lugar era grande y hubiese sido un sinsentido correr a lo loco por ahí. Además, hacía un frío -a pesar del sol precioso- que sólo me aguanté ante la expectativa de ver por fin esos bloques de cemento o mármol que cubrían los ahora putrefactos restos de mis estrellas de lecturas adolescentes.

Quienes ya vieron las fotos habrán visto mi cara de alegría-ridículamente-excesiva junto a la tumba de Simone y Jean Paul. No fueron difíciles de encontrar, además, en la entrada hay disponibles planos del cementerio para que los visitantes deambulen con sentido ubicando a sus estrellas. Había flores, cartas y besos. Me llamó la atención que hubiera boletos de metro. Luego entendí que es común dejarle boletos de metro a los difuntos. Yo no les dejé nada. No le veo el sentido a dejar una carta que leerá cualquiera -para eso escribo acá- o un cigarro que bien podría fumarme.

Seguimos nuestro destino en busca de Baudelaire. Caminamos un rato y al no encontrarlo le pregunté a una señora. Muy amablemente me indicó dónde estaba dando algunos datos biográficos como que odiaba tanto a su madre como a su padrastro y que era una "mierda" que lo hayan dejado ahí, junto a ellos.
Nos sacamos fotos y seguimos.

Me da risa pensar en la cantidad de títulos que tenía el padrastro. Yo no sé quién era, ya olvidé su nombre. Justo debajo estaba el nombre de Baudelaire, que murió años después que el anciano, y solo decía la edad a la que murió. Una burla. Ahora ese señor se arroga visitas. Supongo que para eso los pusieron juntos, no para ahorrar en tumbas familiares, sino para que nadie se olvidara de él. Ahora se roba los besos y las flores que los amanteslectores le dejan a Charles.
Sí, sí. Déjenme ser feliz con esta explicación absurda.

Sofía iba entretenida fotografiando todo lo que le parecía interesante. Así que hay muchas fotos de gente que no conozco y que quizás fueron grandes y célebres personajes en esta ciudad.

Luego fuimos a la tumba de Julio Cortázar. Ahí otra megasonrisa. ¿Sabrá ese pobre sujeto que yo soy -como muchas otras personas que conozco- una especie de grupi suya? Obvio no. Y si supiera, le daría exactamente lo mismo. El asunto es que me saqué fotos ahí y me sentí alegre. Sobre la lápida había cigarrillos, boletos, besos, cartas... corazones.

Ay Beckett! No quise fotografiarme con su tumba. Sofía se veía mejor que yo junto a ese mármol grafito.

Pasamos a mirar la tumba de Tristan Tzara. Tenía muchas flores.
A él sí que le hubiera parecido una idiotez de mi parte sacarme fotos ahí.
Como fuera, ya está muerto, así que se lo banca.
Junto a él está Baltasar Lobo. Sobre su tumba una escultura que fotografiamos.

Ionesco fue otro de nuestros difuntos visitados. En su lápida decía "Prier le Je Ne Sais Qui/ J'espère: Jèsus-Christ".

Luego nos fuimos contentos y con frío.
Aún así, tenemos que volver.
Nos faltaron varios.
Esos eran los principales. Un rápido tour por el cementerio...

Cuando era chica siempre pensé que eso de dejar besos marcados sobre las tumbas valía solo para la tumba de Oscar Wilde (que está en el próximo cementerio que visitaremos). Ahí les cuento cómo me fue.



lunes, 8 de diciembre de 2014

Día 8.

Tratando de comunicarse en la Mairie*

Fuimos con Nico y Sofía temprano a la Municipalidad a averiguar qué necesitábamos para que Sofía vaya al colegio mientras estemos acá.

Nico era el designado para esta labor.

Entre su poco francés y lo pesada de la señora que atendía, logró que llamara a alguien que hablara español.

Luego nos dimos cuenta que la señora no era pesada, sino que tiene esa forma de ser que tienen -al parecer- los franceses: al principio es distante y molesta (parece que siempre están molestos) y luego es muy amable. Debe ser la forma en que hablan la que nos parece pesada. Como sea. Logramos obtener información y Sofía podría ir al colegio desde enero.

Respecto a la escuela.
Extraña a sus compañeros. A sus tías y sobre todo a sus amigas.
Supongo que estar en otro país también la ha puesto melancólica.



*Municipalidad.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Día 7.


Hoy fue un día lleno de cosas lindas y/o ricas.


Nos juntamos con Cristopher y Marcela y caminamos en busca de aventuras.


Ok, no. 

Ellos ya conocen París y nos guiaron amablemente por los lugares lindos.
Nos tomamos fotografías preciosas y visitamos todos esos lugares que todos quienes vienen a París deben visitar.

Pasé por lugares que luego me enteré...


Lo que más me impresionó fue la Cathédrale Notre Dame. 


No soy creyente. Quienes me conocen saben que mi escepticismo respecto a las creencias ajenas llega a ser molesto. A veces

Que tengo que controlarme para no ser una desagradable respecto a los temas de fe. En fin. Casi me vuelvo creyente y mi hija rezó.
:S

La majestuosidad de la catedral es impresionante.


Uno, desde su humilde posición se pregunta cómo pudieron tardar casi doscientos años en construirla... y hacerla tan bella.


A lo largo de los pasillos había secciones en las que se podían encender velas por 2 o 5 euros. 

Me di cuenta que a medida que se llegaba a la salida había menos velas encendidas y comenté "para acá ya se va acabando la fe".  
(Desubicá).

Sofía le preguntó a Marcela qué hacía la gente en las banquitas y ella le respondió que esa gente "rezaba". Sofía preguntó qué era "rezar" y Marcela le explicó. 

No sé qué le habrá dicho exactamente -y tampoco me molesta ni mucho menos-, el asunto es que minutos después Sofía decía que quería ir a rezar.
Marcela, como buena tía la acompañó. No sé qué habrá ocurrido con esa experiencia. Sofía no ha hablado mucho sobre el tema. Le pregunté qué hizo y empezó a cuentearme, como usualmente hace cuando hablamos sobre cosas que ya no recuerda muy bien: "le pregunté a dios cómo era su cara y cómo era su mamá".
No ha dicho nada más. No sé si dios habrá respondido a estas interrogantes trascendentales.
(...)

Después pasamos por la fontaine Saint-Michel. Es más grande de lo que imaginaba 

-aunque no tanto como la de Neptuno en el Santa Lucía-, y hay que luchar un rato para sacarse una foto*.

Fuimos a comer crêpes con huevo, queso, jamón, lechuga, cebolla... Ok, no pude terminarlo. Era demasiado grande, contundente. Y muy rico.

En Santiago, por el Barrio Lastarria hay un lugar donde venden crêpes, pero no son tan contundentes, sirven como merienda entre comida, no como almuerzo. Los de París son como almuerzo-once-casi-cena.

Después caminamos más y todos los lugares que uno ve son como los de las películas. Se podría andar sacando fotos a todo, pero nos pareceríamos a los asiáticos.

(Mi broma absurda acerca de eso es "asiáticos fotografiando los basureros o a los cabros chicos haciendo mañas, como si nunca hubieran visto un basurero o un cabro chico haciendo mañas"... ahora que lo pienso es probable que los cabros chicos asiáticos no hagan mañas :P ).

Fuimos a un café precioso a comer el goûter y ahí comimos crêpes dulces con relleno de salsa de chocolate y manzanas caramelizadas, encima tenía helado y crema chantilly. Estaba muy rico, pero quedé de ganas de panqueques con manjar.


NOTICIA DEL TERROR: No hay manjar. 

Tuve una sensación de sufrimiento desproporcionado cuando me dijeron que acá no comen manjar. OHZEUS! No puedo entender/creer que el primer mundo se precie de tal sin tener manjar. Nada tiene sentido...

Luego fuimos a la tour Eiffel.

En Trocadero pensé que había que asesinar a alguien para poder sacar una foto.
Es triste y real.
La gente se aglutina frente al espacio que da a la torre. Algunos empujan y hacen otra clase de cosas ruines para "ganar" el mejor lugar.

Me sentí como tratando de subirme al metro de Santiago en hora punta.

Ok, no ando en metro casi nunca. Además, ustedes saben que me carga empujar/que me empujen, así que suelo esperar MUCHO rato antes de subir...

Este día no empujé a nadie. Al final no fue necesario. La gente era -en general- muy comprensiva y respetuosa. Todos andan en la misma, así que se sacaban fotos rapidito y se bajaban para que pueda subir alguien más. Nosotros hicimos lo mismo. 4-5 fotos y nos bajamos. Así sigue circulando gente feliz con su foto junto
1 a la torre.

Luego caminamos hacia la torre y todo era precioso.

La lluvia le daba su encanto a la cuestión.
Además, como se acerca navidad y al parecer acá la gente enloquece con eso de la decoración y todo. La ciudad se ve PRECIOSA!
Sofía enloquece cada media cuadra con los árboles navideños.


Se supone que con cada cambio de hora se encienden unas luces distintas en la torre. Digo "se supone" porque no lo he comprobado, pero lo vimos. Son como las campanas de las iglesias versión luminosa. Toda la gente fotografía como enferma, obviamente yo también.


Agradecimientos mega especiales a Marcela y Cristopher. También a Octavio.

:)


* Recuerde que acá es casi-invierno y nos han dicho que es "temporada baja". Para mí no tiene mucho sentido lo de la temporada baja en París. Tengo la impresión de que no hay. Y si es esta, entonces no quiero imaginar cómo es la "alta".

1 Es una forma de decir, porque en realidad uno está relejos de la torre, solo que el ángulo hace ver como si se estuviera al lado de ella.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Día 6.

Hoy fue un día soleado.

¡Eso es algo maravilloso!

Fuimos gentilmente invitados a almorzar a la casa de Cristopher y Marcela que viven en las afueras de París, en una zona preciosa, llena de casas antiguas con una arquitectura encantadora y que es como esas zonas tranquilas que uno imagina cuando piensa en Europa.

Comimos una comida típica francesa de invierno, según nos dijeron, pero no recuerdo el nombre, era algo en francés por supuesto.

Luego fuimos a un parque que está cerca de su casa, pero ya hacía frío.
Había un lago, juegos y tenía una vista de película.

Cuando veníamos de vuelta a París queríamos pasar a Notre Dame, pero no me atreví a caminar por el sector por dos motivos de trascendencia vital:

- Tenía frío (totalmente inevitable).

- Me dolían los pies. En este punto no hay cómo discutir que fue una idiotez de mi parte salir con tacos.

Lo explicaré de la siguiente forma:
Todo comenzó una mañana en que vi entrar el sol por la ventana. Como no lo veía hace más de una semana (recuérdese que nuestro último fin de semana en Chile estuvo nublado y con lluvia) me puse absurdamente feliz y creí -ok, un desacierto- que no haría tanto frío, así que me puse un vestido. Obvio que me veía bien. Olvidé sacarme una foto. Y ahí comenzó la tragedia de mis pies.
Eso. No hay nada más que decir al respecto.

Por otra parte, supongo que todo el mundo se preguntará -ok, no- por qué no me he sacado fotos. Imagino -en realidad es una creencia particular mía- que tiene que ver con el estado de ánimo.

Últimamente he estado muy melancólica.

Extraño Santiago. No sé si su smog, su aglomeración urbana, la locura de la gente a fin de año -o sea, la locura de la gente en cualquier época-. No sé si el departamente enano en que vivimos. O las personas que veo habitualmente. O mi familia. Mi mamá y su comida rica -gracias por la carne mechada de la última semana, aún la recuerdo con placer-, o mis hermanitos; o el Bimbi -que aunque últimamente nos vemos bastante menos que antes, es uno de esos sujetos a los que adoro incontrolablemente-; o mis amigos... extraño a Larry y nuestras conversaciones, y los gustos compartidos y el mucho tiempo que compartimos...

Bueno, como sea, estoy en un estado en el que no me siento cómoda sacándome fotos. Fin de la segunda explicación.


Cuando el tiempo mejore (?) me sacaré fotos en los lugares más absurdos. De momento el mundo se conformará -y se contentará, lo sé- con mi preciosidad de nena que posa con excesiva felicidad en cada una de las fotos-casuales que intento tomarle.

He estado comiendo muchos chocolates.
Seré obesa a mi regreso. Sírvase omitir toda clase de comentarios respecto a mi peso. Gracias.

Los baguets son el único pan que me gusta. Hay otros panes raros-dulces que no, no son pan.

Tomo tés ricos, por si a alguien le queda alguna duda. Por eso las fotos de cajas de té.
El té es de esos placeres de la vida que no me puedo negar.

También adquirí una maravillosa caja de capuchinos, y créanlo, deberé ir por más pronto.

Sofía ha disfrutado el viaje, sobre todo porque puede estar todo el tiempo conmigo. Sé que eso le gusta.

Falta poco para que empiecen las "fiestas de fin de año", se supone que acá también es una locura. Espero disfrutar esa locura. Digamos que es un estado en el que me siento cómoda. Ese caos me produce cierta fascinación. Da para pensar mucho en las personas y en cómo se comportan. Por ejemplo, pienso en esa gente que cree que su tiempo es más importante que el de los demás y te pasan a llevar apenas pueden en cosas que no deberían, en cosas como meterse en las filas (de cualquier tipo). Qué falta de respeto.


NOTA: Me he dado cuenta de la cantidad de visitas que tiene este blog. Como no es privado, y no tengo intención de que lo sea, me da lo mismo, de hecho, parte de mi exhibicionismo emocional actual es justamente hacer públicas estas impresiones sobre mi estadía acá. Sin embargo, podrían escribir algo, no sé. Sería entretenido leer sus opiniones/críticas respecto a lo publicado.

Gracias :D
Saludos a todos!

viernes, 5 de diciembre de 2014

Día 5.

Hoy amaneció como todos los días.
No me imagino esta ciudad soleada.
Debe verse ridículamente radiante.

Hicimos muchas cosas. Quizás no tantas.

Compré cosas ricas en un supermercado maravilloso que encontré cerca de Belleville.

En Gare de l'est biengastamos dinero con Sofía comprando dulces en una tienda que tiene dispensadores de caramelos, gomitas de distintos colores y sabores, gomitas con forma de Torre Eiffel... cosas así. Sary, tú estarías fascinada, lo sé <3

Lo último que recuerdo fue que fui sola por primera vez a comprar al supermercado e hice el recorrido a casa sola...
Busqué las cosas que necesitaba.
Hice la file.

Un poco nerviosa. Esperaba que no pasara nada extraño para no verme en la penosa situación de decir que no hablo francés, porque en realidad no les entiendo. Debe ser que hablan muy rápido.

No tuve que interactuar mucho con las personas -no sé hasta qué punto eso sea bueno para mí, pero a los franceses no les gusta mucho interactuar con las personas si no es necesario. Supongo que todo el mundo es así, no sé, solo que estoy acostumbrada a la comodidad de relacionarme casi exclusivamente con personas a las que sí les gusta conversar con todos- salvo cuando el vendedor me pidió disculpas porque el señor que compraba antes que yo se demoró una eternidad. El asunto es que me vine al depa feliz por mi hazaña y al llegar me di cuenta que olvidé el baguette. Lo pagué, pero no me lo traje. Me sentí un poco mal. Luego me sentí mal porque me hiciera sentir mal una experiencia tan cotidiana.



(...)



jueves, 4 de diciembre de 2014

Día 4

A pedido del público comentaré algo que olvidé mencionar con detalle ayer.

El día 3 comimos completos.

No sé por qué uno se pone feliz con lo de los completos.
Supongo que la idea de sentirse de nuevo "como en casa" hace que sea una experiencia entretenida. Sin embargo, los completos en París, por mucho que sean hechos "en casa" (en el depa de la residencia, en nuestro caso), son malos. Nada que hacer.

El pan de completo parisino es dulce.

Las salchichas no se sienten como la sobredosis de grasa a la que estamos acostumbrados.

La mayo, bueno, no es tan mala como Matías Gogoy me dijo, pero no se parece ni a la Hellmann's :P que es la que comemos usualmente (nosotros, no tú Matías), ni a nada que conozca.

La mostaza es atroz.
Ok.
Debe ser lo más originalmente mostaza que hay, de Dijon y todo. No como ese sucedáneo de mostaza que comemos en Chile.
Ok.
Pero mi paladar norrefinado está acostumbrado a ese sabor, a la mostaza estilo americano de Marco Polo, nada sofisticado. Así que la mostaza que comimos acá era rara-mala.

El ketchup Heinz debe ser igual en todas partes: rico.

Los tomates, al contrario de lo que imaginé eran más ricos que muchos que he comido en Chile.

La palta, contra todo pronóstico, estaba buena :D

El problema es la mezcla. Cuando uno toma todos estos ingredientes que acá -al parecer- nadie mezcla, tienen un sabor raro.

Conclusión: fue bacán comer completos por eso del encariñamiento con la comida chatarra que tenemos. Que tiene Nico más bien. Sobre todo con su adicción a los completos-italianos (los italianos se ríen de nosotros en este momento). Aún así: No me gustaron. Nada que hacer.

Día 4

Bueno, hizo frío.
Obvio.
Me he sentido un poco abrumada por eso de no poder escapar del frío al salir.
Dentro del depa estoy calentita, pero si salimos me deprimo.
Miro por la ventana y es como esas postales de París que a uno le venden, y que uno encantado -por supuesto- compra.
La "hora perfecta" o algo así, que según el Bimbi es la hora más bonita del día, acá es permanente. Solo si miro por la ventana.
Ser parte de la postal no es tan bonito.

Cuando era casi de noche: 4:30 de la tarde. (Recordar que acá es de noche a las 5pm)
Fuimos al parque que hay detrás de Recollets, es muy bonito. Hay juegos y Sofía intentó comunicarse con muchos niños que veía corriendo. El problema de los franceses con que nos hemos topado, es que son un poco distantes. Los niños no son la excepción.
Son amables, sí, pero no tienen mucha disposición a la conversación.
Supongo que les da lata si uno apenas le pega al "bonjour".

Sofía deambuló con su "bonjour, 'ça va?" y solo una niña le respondió y se fue. Los demás la ignoraron. Debe ser que estaban demasiado distraídos jugando. En todo caso, respecto a esto creo que puede ser una enriquecedora experiencia para ella, ya que tendrá muchas frustraciones en torno a la conversación y al idioma, pero tendrá que aprender de ello. Al menos en esto, soy optimista.

Luego fuimos a la Gare de l'est, que es la estación que está frente a la Recollets. Es muy grande y bonita. Tiene muchas luces y cosas así. Además hay muchas tiendas con cosas preciosas. Si fuera una compradora compulsiva, hubiera comprado todo.
:P
(Mamá!!! las cremas son baratas acá. A modo de comentario...)

La gran experiencia del día fue comprar hamburguesas.
A Nico le pareció bien comer hamburguesas de once.
Fuimos a un lugar donde estaba Asterix en la entrada.
Sofía dijo que nos saquemos fotos.

Comprar hamburguesas parecía una tarea sencilla hasta que decidimos que queríamos una oferta que tenían y que se hacía efectiva con un ticket del metro. Todo bien hasta ahí.
Habían unas máquinas donde se hacía el pedido, luego ibas con el papelito que la máquina imprimía hasta la sección donde se entregaba el pedido, y ahí se pagaba.

Hicimos un pedido en la máquina.
Fuimos, nos atendieron, nos cobraron y Nico preguntó en una mezcla de inglés y francés si se podía acceder a la oferta que la máquina no ofrecía.

Un joven, muy amable nos decía que no hablaba inglés y consultó entre sus compañeros quién hablaba inglés o español (eso lo entendimos muy bien), llegó una joven: la que hablaba español, y en un castellano peor que nuestro francés, nos intentó explicar por medio de señas, vagas e inconexas palabras en castellano y un precario inglés, lo de la promoción.
El tiempo pasó y pasó.
De algún modo extraño, perdí la noción del tiempo.
Supongo que debemos haber estado de treinta a cuarenta minutos dentro de esa tienda.

Nico le respondía en inglés, pero de pronto, en la confusión, empezó a decir cosas en francés y castellano. Igual que la joven que nos estaba ayudando. Ella debe haber pensado que no cachábamos ná de la vida. En fin. Teníamos nuestras hamburguesas*, bebidas, papas fritas y un brownie con helado y caramelo que estaba en oferta y que se veía excesivamente rico.

Cuando nos íbamos se me ocurrió pedir un capuchino. El joven me decía que costaba "1 euro 95"
Pero yo le entendía "1 euro 85".
(Si usted se sabe los número en francés entenderá por qué la confusión)

Al final salimos con nuestras bolsas de papel reciclable-reutilizable muertos de la risa. No podíamos creer que a pesar de todo tuviéramos hamburguesas.
Sofía quejándose del frío y de que en todo ese rato le había dado hambre.

Otro día escribiré acerca de las líneas del metro: 14.
Si tiene alguna duda, consulte.



*Nótese que no me gustan las hamburguesas. Ni en Chile, ni en Francia.



Algo que quería mencionar.

No he visto perros callejeros.
No he visto gatos en las calles.

No he visto gente con perros o gatos en brazos.

Las personas que van por la calle caminan tranquila o rápidamente, pero muy pocas usan el celular. A lo más he visto a algunas personas hablando por celular, a nadie "jugando" con el celular (que es lo que creo que hace todo el mundo cuando no está hablando)

Eso.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Día 3.

Me convertiré en uno de esos exhibicionistas emocionales que llevo años (?) detestando.
(Usted que me conoce sabe que me censuraré infinito, no sólo respecto a lo que opino de los exhibicionistas, sino que acerca a mis propios sentimientos/emociones sobre este asunto)


Primera semana en París.

(Tres días, en rigor)

Día uno caminando mucho.
MUCHO.
Llegar al edificio, estar FRENTE A ÉL, mirarlo, más de una hora (?) y no saber que era ahí. Preguntarle a mucha gente poco amable, y a mucha gente que no sabía.
Preguntarle a gente que cachaba menos que nosotros.
Sofi haciéndose cargo de su maleta. Un siete.
Luego de instalarse en un radiante departamento con mesa de comer y 3 sillas, además de un escritorio donde caben varias cosas, y tener la "pieza" aparte del living, casi olvido el sillón.
(No es para sacarle pica a los demás amigos que viven en París u otras partes de Francia ahora, no...
jajajajjajajaj)
Ir al supermercado.
Horrorizarse con el precio del champú (es un lujo lavarse el pelo acá *mención aparte al olor del metro OHZEUS!)
Quedar encantada con el precio de la Nutella de Kilo (5 euros). Pensar "Si tan solo me gustara la Nutella... sería una feliz obesa de cabello sucio)

Día dos.
Congelarnos por la ciudad.
Qué manera de hacer frío.
Me molesta que cuando hay 4 grados, la sensación térmica sea de -1. Es injusto.

Día tres.
Conocí el mercado.
Ya tenemos un "casero" que es muy amable y comprensivo.
Compré un tostador y fui ridículamente feliz. Espero que ahora sí me quede decente el arroz. Usted, sépalo, cocinar en una cocina enana, sin horno y sin llama es una cosa atroz. El arroz me quedó como hace años no me quedaba: pegoteado.
Aprendí a comprar con monedas en tiempo récord.
No me confunden ni joden los valores raros... creo :S
Eso sería.
Cuando haya más cosas interesantes, les comento.

Tal vez me haga un blog. Qué sé yo.

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