martes, 30 de diciembre de 2014

Día 30.

Versailles.

Temperatura: espantosamente helado. 
Fila: dos horas.

Después de viajar a las afueras de París en busca de la posibilidad de hacer un recorrido por el Palacio de Versalles y de casi morir perdidos y congelados en el intento de volver, haré un breve y -evidentemente- personal relato de los acontecimientos. 

Entiéndase que me reservo el derecho de obviar todo detalle que me parezca obviable o que haya olvidado :D

La neblina que veíamos a medida que nos acercábamos me daba un poco de susto, se entiende que porque la humedad+frío no me gustan.

Cuando nos bajamos del tren empezamos a caminar y el frío se hacía sentir de manera un poco cruel (al menos para mí).

Llegamos al lugar donde supuestamente estaba el Palacio famoso, pero no lo veíamos.

Había una reja, una multitud, una humedad relativa del 99 % (en realidad no tengo idea), una estatua de algún sujeto que ya olvidé, pero que tenía un problema de ego.

Hicimos la fila como todo buen ciudadano y nos congelamos como todos en ese lugar.

Luego de una eternidad que sólo fue posible soportar gracias la buena onda de los chiquillos, las conversas, el pelambre a los vecinos de fila y las mutuas animaciones para no morir ahí (trasladar un cadáver a Chile desde acá es un cacho, como ya ha dicho Nico en múltiples ocasiones, entre otras cosas) y cuando ya nos encontrábamos a menos de 10 personas del primer guardia del caminito "cerrado" se empiezan a acercar dos alemanas hablando a todo volumen -en plan intimidador-, muy rubias y alemanas ellas, estaban acompañadas de dos sujetos que no hablaban, pero que hacían bien su trabajo intimidador (al menos eran bastante altos). 

Con la Javi nos preguntábamos qué pensarán las demás personas cuando nos escuchan hablar, porque nosotras a las alemanas les entendíamos "traj gaj chein traj reich" (léase con ese acento y volumen exagerado como el de Hitler cuando se entera del descalabro en la película Der Untergang) y nos parecía gracioso imaginar la forma absurda y/o exagerada y/o ridícula en que nos escuchan los demás. Obviamente no decían eso, eso era más o menos la imitación que nosotras hacíamos.

De pronto uno de ellos empieza a ponerse delante del lugar que yo estaba ocupando en la fila. Con la Javi nos miramos anonadadas y reclamamos "¿se están COLANDO?!". Nos adelantamos y quedamos pegadas a la familia que iba delante nuestro desde que llegamos. Luego los chiquillos, que iban unos pasos detrás de nosotras empiezan a decir "ESTOS WEONES SE ESTÁN COLANDO?!" y entre lo escandalosos y siendo los clásicos representantes de la chorezachilena les dimos miedo (eeella!) y se colaron igual, pero detrás nuestro. 

Cuando por fin llegamos al guardia los brasileños frente a los que se metieron los acusaron y el guardia hizo un gesto solemne y apuntando con su brazo hacia un lado los hizo salir de la fila. Todo el mundo se alegró.
Supongo que a nadie le gusta que la gente no respete las filas, sobre todo cuando has estado en ella dos horas. DOS HORAS.

Entramos y subimos directo a tomar café/chocolate. 

Caminamos por el "patio" delantero. Por el espacio que hay justo entre la reja famosa y el frontis del palacio. Y así como desde la fila no era posible ver NADA del palacio, desde el palacio no era posible ver a la multitud.

El recorrido por el castillo se la imaginarán quienes han visto mis fotos en facebook. Se nos acabó la batería de la cámara así que tomé fotos al recorrido con la cámara de mi celular y las subí para que se hagan una idea de lo que vi. La calidad no es muy buena, así que imagínense el lugar lo mejor que pueda. O busquen fotos en internet...

¿Qué puedo decir sobre el lugar?

Resulta que es lindo -a ratos-, pero a mí me agobió tanta opulencia. Es como que llega el momento en que uno entiende la revolución y se une al grupo que intenta guillotinar gente.
Eso.

Creo que fue Víctor quien dijo que Luis XIV era como el Daddy Yankee de la época.
Y sí.
Demasiado dorado.
Demasiado adorno.
Demasiado demasiado.

Esta gente no entendía la idea de mesura.
Lo de "menos es más" es un concepto demasiado moderno para ellos.


Al regreso veníamos medio dormidos en el tren y algunos hacían mañas por el cansancio excesivo.

La nena aguantó bien el frío y la larga caminata.

No sé qué más podría decir...

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