jueves, 7 de septiembre de 2017

17 días en Ann Arbor.

Estoy aquí escribiendo en este blog después de mucho tiempo.
Es a pedido del público <3
Así que por ustedes, se vienen las aventuras en Ann Arbor*.
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Muchas personas me han preguntado cómo va Ann Arbor.

Les contaré lo que recuerdo desde el primer día:

Venía en un avión muy nerviosa. Quienes conocen la historia, saben que el fin de semana antes de venirme fue, por decir lo menos, intenso.

Usted que desconoce los hechos, por favor no piense que soy una histérica. La verdad es que el viaje en sí me tenía bastante tranquila.

Sentí que lo estábamos haciendo todo bien. Teníamos un plan y después de tanto ir y venir uno se empieza a organizar mejor con las maletas y todo el show de viajar por harto tiempo. Porque claro, uno se va de vacaciones y qué lleva: el traje de baño, bloqueador solar, una toalla de playa, una chaqueta/chaleco por si hace frío; pero cuando uno se va a vivir a otro país un rato debe preocuparse de llevar todo lo básico, además de algunas cosas que no sabe si será fácil obtener en el nuevo país, vale decir: paracetamol, la crema que no me da alergia, etcétera.

Eso estaba todo relativamente organizado, y salvo los incidentes de despedida, todo iba muy bien.

En el aeropuerto donde hubo escala, que fue el de Miami, sentí un horrible calor húmedo que me hizo dudar si quiero o no volver a esa ciudad. La verdad es que sí quiero, pero ese día fue medio traumático. Además que venía con los achaques de no haber dormido y todo eso que es bien agotador para mí.

Cuando por fin tomamos el avión a Detroit venía más tranquila. Ahí tuvimos que tomar un taxi hasta Ann Arbor. Se supone que se puede hacer en bus o tren, pero como veníamos cansados, con maletas y sin conocer la ciudad, tomar un taxi fue una super buena decisión. Ya nos había pasado eso de andar dando jugo por una ciudad desconocida con maletas y una niña. La niña se porta bien, pero evidentemente es un sinsentido hacerla pasar por esas penurias innecesarias, además, ella tampoco durmió en todo el camino, por lo que apenas llegamos a Detroit se acomodó como pudo en un asiento y se puso a dormir mientras con Nico decidíamos qué hacer (eso fue antes de tomar el taxi).

Como el departamento al que veníamos estaba vacío, tomamos otra buena decisión y la primera noche la pasamos en un hotel chiquitito en las afueras. Así pudimos descansar y armarnos de valor para venirnos al departamento que será nuestra residencia un año en Ann Arbor.

La primera impresión de la ciudad: 
Me pareció muy verde y grande. Hacía calor y me sentía un poco ahogada, pero no podía entender que hubiera tanto espacio.
Las veredas son anchas y hay árboles por todos lados. Un peatón puede compartir la vereda tranquilamente con un ciclista porque el espacio alcanza para todos. Nada de andar luchando por los espacios como en las ciudades donde las veredas son enanas y todos corren, sí, me refiero a Santiago.

Más que ciudad me pareció un pueblo grande. Nico defiende a brazo partido la calidad de ciudad de este lugar, pero con Alex (que es un griego que Nico conoce de otros lados y con quien nos juntamos acá), coincidimos en que sólo es un pueblo muy moderno y con cosas/lugares lindos. La gente es amable y demasiado relajada para que considerarla ciudad**.

La primera impresión del departamento:
El departamento está ubicado en un sector muy tranquilo. Al principio daba la impresión de deshabitado, pero en realidad es un complejo donde las personas andan muy tranquilas simplemente.

El departamento es amplio, bueno, considerando que viví en un departamento relativamente pequeño en Santiago y en unos departamentos cada vez más minúsculos en París***, este lugar para mí es una mansión.
Más que nada tenía pocas expectativas, así que no era muy difícil superarlas. De cualquier forma es lindo y amplio. De a poco hemos ido poniendo lo más esencial: camas, sillas, etc.
La primera semana fue de compras. Creo que lo pasamos bien yendo de compras los tres. Nos sirvió para distraernos y para elegir entre todos lo que queremos usar el tiempo que estemos acá.

Gracias por leer este breve resumen.

J.
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*Así, dándome color.

** Siéntase libre de pensarme como una desagradable, a estas alturas me da igual :P
Además acá en ninguna parte usted puede leer que considere mejor una u otra, simplemente las ciudades y los pueblos tienen dinámicas diferentes. Nadie puede decirme que son iguales, y cuando uno va a un pueblo nota esa quietud de pueblo que en las ciudades no es posible. Quizás cuando pienso en ciudades pienso por defecto en las capitales, pero claro, todas las que conozco son agitadas. Es triste y real.

*** El tamaño de los departamentos en París depende mucho de lo que uno pueda pagar y de la ubicación. Considerando valores similares, el departamento que estaba más lejos del centro era como el triple del departamento donde vivimos en el centro. Lo bueno de vivir en el centro es que uno llega caminando a todas partes. Así que el "sacrificio" fue poco.
Bueno, vivimos en París, qué puede tener eso de sacrificado dirá usted, pero tiene harto, créame.
:P

1 comentario:

Su comentario es mi alimento.
:D

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